VENECIA: ÉTICA, COMPLIANCE Y GESTIÓN DEL RIESGO EN LOS NEGOCIOS DEL ‘QUATTROCENTO’

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VENECIA: ÉTICA, COMPLIANCE Y GESTIÓN DEL RIESGO EN LOS NEGOCIOS DEL ‘QUATTROCENTO’

 

¿Es el compliance un invento del siglo XX? La ética y la gestión del riesgo en los negocios no es algo nuevo, así lo demuestra la historia de los venecianos. 

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De las muchas y variadas maneras que uno puede acercarse a Venecia me quedo con dos: la primera, a través de la serie de novelas del Comisario Guido Brunetti; la segunda, estudiar su historia como lo que es, un auténtico relato sobre el comercio.

Ya en el S. XV el historiador bizantino Lacónico CHALCONCONDILAS contaba que “los venecianos no tienen ninguna posesión en el continente ni pueden cultivar la tierra (…) Es a través del comercio como han acumulado tan grandes riquezas”.

Se trataba de un estado, único en el mundo, que se había organizado para comprar y vender.

En palabras de Roger CROWLEY, historiador británico, “la bandera de San Marcos ondeaba en los mástiles como el logotipo de una empresa”.  Así prologa su relato en “VENECIA, CIUDAD DE FORTUNA” (Barcelona.  Ed. Ático de los Libros).

Los venecianos –añade- eran mercaderes hasta la médula, calculaban riesgos, facturación y beneficios con precisión científica y cita CROWLEY una carta dirigida al papa de entonces: “porque no podemos ni sabemos vivir de otra manera que comerciando, debemos ser cuidadosos en todos nuestros pensamientos y empresas (…), y tomar todas las precauciones para evitar que tanta riqueza y tesoros desaparezcan”.

Llegados a este punto puede preguntarse uno qué tiene que ver la historia de Venecia con el mundo del “compliance”. Pues tiene que ver, y mucho.

En el capítulo dedicado a narrar la consolidación del imperio marítimo veneciano (“Stato da Mar”), CROWLEY nos detalla en qué consistía el sistema que habían ideado para gestionar dicho imperio con la idea de minimizar, si no se podía evitar, el riesgo de que los gobernadores cayeran en el nepotismo y la corrupción.

Como buenos comerciantes, los venecianos se preocupaban por la ética, el compliance y la gestión del riesgo en los negocios

Así, a los límites en el sueldo y la prohibición de ejercer el comercio en provecho propio,

– Se les impedía llevarse consigo a sus propios parientes (ejemplo de política de conflictos de interés)

– Estaban sujetos a severos juramentos (política, compromiso).

– Existía una prohibición expresa de aceptar servicios o regalos.

– El sistema se basaba en una supervisión continua y en una responsabilidad conjunta; ningún funcionario debía actuar solo. Por ejemplo, para disponer de fondos hacían falta tres llaves, cada una en poder de un tesorero distinto (establecimiento de controles).

– Frente a los que rebajan las actuales ISO a meros sistemas burocráticos cargados de papeleo, CROWLEY nos cuenta que “todo se construía de modo que quedara prueba documental de cada paso” (es decir, crearon un sistema basado en evidencias, un sistema documentado).

– Todo el mundo debía asumir responsabilidades (en la actualidad, se conoce como “definición de roles en la organización”).

“La justicia era paciente, implacable e inexorable, de manera que nadie se libraba de ser investigado; a intervalos regulares los síndicos (inquisidores del estado) realizaban inspecciones” (la actual auditoría).

– En la página 285 del libro nos dice que “se escrutaban cuentas, se escuchaban denuncias y se confiscaba y estudiaba la correspondencia” (es decir, que a su manera, ya habían previsto un canal para recibir denuncias).

– La República podía y de hecho solía recurrir a castigos horrendos; es decir, que estaba dotada de un detallado sistema disciplinario, que incluyó la ejecución pública en nombre del dogo “para la edificación del populacho” (cumplían el requisito de la comunicación).

– La presión económica y fiscal se dejaba notar en todas partes (asignación de recursos).

– El estado veneciano estaba en guerra perpetua contra las actividades ilícitas de sus funcionarios (contexto de la organización).

– Los exhaustivos archivos del Estado, dice CROWLEY, son testigos de la atención que Venecia prestaba al Stato Da Mar: millones de entradas y registros detallaban sus preocupaciones y obsesiones. Por ejemplo, tenían precisas instrucciones para las flotas de galeras, permisos, impuestos, informes de corrupción… (procedimientos documentados).

Entre otros lemas que se comunicaban a propios y extraños (ahora diríamos, partes interesadas), los venecianos siempre llevaron muy a gala eso de que “el honor de la Comuna exige que todos sus rectores sean excelentes”.

Y vaya que se aseguraron de que ello siempre fuera así.

Tanto que me atrevo a decir que me parece muy presuntuoso por parte del mundo anglosajón presumir de que la FCPA, su COSO y su Sarbanes-Oxley  son el antecedente de los actuales sistemas “antibribery”.

“Proficium et honorem” (provecho y honor).

 

 

Por José Ramón Sáez
Complianza, expertos en cumplimiento normativo
Murcia

 

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