EL RIESGO DE LOS PROGRAMAS DE CUMPLIMIENTO «LOW COST»

Complianza, Expertos en Cumplimiento Normativo

ANÁLISIS DE LOS PROGRAMAS DE CUMPLIMIENTO NORMATIVO LOW COST

Al hilo de la última reforma del Código Penal han proliferado numerosas empresas que ofrecen planes de cumplimiento normativo que vamos a denominar “low cost”, por no llamarlos, directamente, planes-farsa.

Una vez pasado el susto inicial, observamos en el mercado una preocupante banalización de este tipo de trabajos que, basta con echar un vistazo en las redes, llegan a venderse por el módico precio de 50 euros.

Seamos serios: ¿Qué crees que compras por 50 euros?

Hablamos de planes de prevención de delitos que exigen, como mínimo, un análisis de la organización, de su misión, sus valores y su propósito; del estudio de un organigrama y flujos de trabajo, lo que incluye, a su vez, numerosas entrevistas con los responsables de los distintos departamentos.

Hablamos de un análisis de riesgos penales basado en la probabilidad y el impacto, que nunca puede ser igual para todas las organizaciones.

Hablamos de la redacción de un código ético, del establecimiento (y gestión) de un canal de denuncias, así como la formulación e implantación de controles adicionales pensados e ideados “ad hoc”.

Hablamos de formación a directivos, empleados y, por supuesto, soporte al compliance officer (responsable de cumplimiento normativo),  entre otros trabajos.

En definitiva, de un traje a medida, lo cual no quiere decir que no se puedan realizar planes de cumplimiento a precios competitivos para PYMES u organizaciones con una estructura reducida y que operan en un tráfico jurídico sencillo. Hay que diferenciar, por tanto, entre planes de cumplimiento adaptados a pequeñas empresas y planes corta-pega sin sustrato ni fundamentación alguna; estos últimos representan un verdadero peligro.

Así, en el mercado nos encontramos con planes de cumplimiento cuya gestión y mantenimiento se le han endosado al contable o al responsable de calidad de la organización sin ni siquiera darles una formación mínima.

Poco menos que se nombran responsables de cumplimiento como hacía el Rey Arturo con sus caballeros; lo que pasa es que esa espada que, al principio, se le pone en el hombro, después pende de un hilo sobre sus cabezas, como la de Damocles, pues ni siquiera llegan a ser conscientes de la responsabilidad personal que asumen en esos casos.

Y es que un plan de cumplimiento no es el “papel” que lo soporta ni, tampoco, el programa informático de gestión que también se está vendiendo, confundiendo lo que son los “datos” con la “información”.

O no se ha entendido la finalidad que el Legislador, el Tribunal Supremo y la Fiscalía General del Estado persiguen impulsando la implantación de estos planes o, directamente, se pretende aprovechar la ignorancia o, peor aún, abusar de la confianza obtenida después de haber vendido un manualillo de protección de datos.

Esto me recuerda la historia de Charles PLUMB (puede consultarse completa aquí: http://speaker.charliePLUMB.com/about-captain/parachute-story/), veterano de guerra norteamericano, piloto de la Marina, cuyo avión fue abatido durante una misión en Vietnam.

Antes de estrellarse, PLUMB pudo eyectarse, abrir su paracaídas y descender sobre territorio enemigo. PLUMB estuvo encarcelado como prisionero de guerra durante 6 años (de 1967 a 1973), hasta que fue liberado.

Nuestro protagonista se dedicó, tiempo después, a dar charlas y trabajar de consultor enseñando que lo que aprendió de su cautiverio se puede aplicar a la vida cotidiana.

Unas de las historias que cuenta es que un día, mientras estaba comiendo en un restaurante, se le acercó una persona, y le preguntó si era Charles PLUMB:

-“Hola. Usted se llama Charles PLUMB, ex piloto en Vietnam y fue derribado por el enemigo, ¿verdad?”

-“Y usted, ¿cómo sabe eso?”- le replicó PLUMB.

-“Porque yo doblaba y empaquetaba los paracaídas de su división; y parece que el suyo funcionó bien”.

PLUMB emocionado y con mucha  gratitud le respondió: “-Claro que funcionó, si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí”.

Según cuenta en sus charlas, aquella noche, al volver a su casa, se preguntaba cuántas veces había visto en el portaaviones a aquel marinero y nunca le había dirigido ni siquiera un saludo.

Los directivos se imaginan a sí mismos, con razón, que gobiernan su empresa como lo hace el capitán de un fantástico portaaviones, preocupados por el personal a su cargo, la logística, el aprovisionamiento, la estrategia…, pero qué pensarían si, una vez que se vean enfrentados a una situación de combate real, descubrieran que mandaron a volar a sus pilotos con el paraguas de Mary Poppins en la mochila del paracaídas.

Los que se tragan la engañifa de los planes “low cost” piensan que, llegado el caso, sería suficiente tapar su portaaviones con una sábana, como hacen los niños cuando ven una sombra en la pared de su dormitorio.

Por JOSÉ RAMÓN SÁEZ NICOLÁS

Abogado, Economista y Consultor GRC

Complianza Murcia. Expertos en Cumplimiento Normativo

 

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