RIESGOS LEGALES ASOCIADOS A LAS CRIPTOMONEDAS

COMPLIANZA

LAS PROBLEMÁTICAS ACTUALES ENTORNO A LAS CRIPTOMONEDAS PONEN DE MANIFIESTO QUE ES NECESARIA UNA REGULACIÓN

 

COMO CUALQUIER HERRAMIENTA TECNOLÓGICA, LA CRIPTOMONEDA PUEDE SER UTILIZADA PARA ACTUAR DENTO O FUERA DE LA LEY. EN LA ACTUALIDAD ESTA TECNOLOGÍA ESTÁ ASOCIADA A MÚLTIPLES RIESGOS LEGALES.

OPINIÓN

 

“Anonimización”, “descentralización”, “ausencia de controles” y “facilidad para mover capitales de un país a otro” son solo una parte de las virtudes que los nuevos apóstoles de la criptomoneda propagan en sus foros.

En el momento de publicar este artículo nos acercamos a la cifra de diez mil tipos distintos de criptomoneda y un país (El Salvador) ha decidido hacer suya una de ellas, el famoso bitcoin.

Uno de los motivos que están detrás de esa decisión -se dice- es que gran parte de la población salvadoreña (un 70%) está “desbancarizada” y la criptomoneda ofrece la posibilidad de reactivar la economía: aunque no todo el mundo tiene acceso a una cuenta bancaria, casi todos tienen un teléfono inteligente, lo que, a su vez, permite conceder a cada ciudadano una billetera virtual.

La apuesta salvadoreña es muy arriesgada y tiene sus luces y sus sombras. Los más agoreros dicen que el experimento lo va a pagar la población. Es posible. También que, con el tiempo, sea un caballo de troya para la propia criptomoneda (y su filosofía) puesto que, al “estatalizar” las transacciones virtuales también será posible fiscalizarlas (y que la hacienda pública se lleve su tajada). Algo que va en contra de las virtudes con las que hemos encabezado este texto.

En cualquier caso, hay una nota común que se destila de entre todas esas virtudes y es la ausencia de controles, los que se exigen a la moneda tradicional, esa a la que llaman dinero “fiat” o, despectivamente, “papelitos”.

Como es sabido, nadie puede abrirse una cuenta bancaria sin identificarse, no se admiten pagos en metálico a partir de una cantidad (cada vez más pequeña) y, aplicando el protocolo “KYC” (acrónimo en inglés del “conoce a tu cliente”), se le exige a todos clientes “bancarizados”, sin excepción, que expliquen el origen de los fondos depositados, la actividad económica real que hay detrás de sus transacciones, si son personas especialmente vinculadas a organismos y una larga lista que excuso exponer porque todos ya la conocemos.

Y aquí es donde merece la pena detenerse y reflexionar. Si tienes una empresa y en tu negocio te ofrecen pagar tus facturas en criptomoneda, ¿aceptarías? ¿Cómo sabes que quien te está pagando la factura es realmente el destinatario de la mercancía o del servicio? ¿Y si detrás de un cliente pagador hay un blanqueador de capitales?  ¿Eres consciente del riesgo que asumes? El delito de blanqueo de capitales, recuérdese, se puede cometer por imprudencia.

Se puede cambiar la moneda de pago, pero no podemos relajar los controles. Como mínimo, los que venimos aplicando hasta la fecha. Y, ante todo, sentido común.

Cuestión aparte es la volatibilidad de las criptomonedas, pero eso no es objeto de este artículo.

Por José Ramón Sáez
Complianza, expertos en cumplimiento normativo
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