ANÁLISIS DE LA ISO 37001

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La aprobación de la ISO 37001 viene a sumar una propuesta y a ofrecer, a las empresas, una serie de herramientas muy útiles para poder dar forma a la lucha contra la corrupción y el soborno.

El esquema de esta norma, acorde al nuevo esquema de alto nivel del resto de las normas ISO, nos presenta un modelo lógico y capaz de ser adaptado e implantado en organizaciones de todos los sectores, e incluso de tamaños muy diversos. Y, por supuesto, al respetar ese esquema, facilita enormemente la integración con cualquier sistema de gestión basado en normas ISO, que ya tenga la empresa.

No debemos olvidar que la norma, lo que nos ofrece, es un modelo de gestión para desarrollar un sistema de prevención contra el soborno. Es decir, no pretende ser una garantía de que no exista, ni un método para su eliminación, lo que nos ofrece son herramientas para prevenir su aparición, para concienciar a la organización y para poder detectar y combatir las posibles conductas que se puedan producir, pese a su implantación.

La norma hace una definición del término soborno que podemos considerar bastante amplia, dando cobertura a muchos tipos de comportamientos, como por ejemplo “ofrecer, prometer, dar, aceptar o solicitar un beneficio, económico o no, en contra de la ley o de las buenas prácticas definidas”.

El esquema de alto nivel empieza hablando del contexto de la organización. Esto nos permite, desde un primer momento, delimitar el alcance del sistema de prevención del soborno, y de esta forma, poder adaptarlo a cada caso concreto, teniendo presente tanto el sector, como la estructura de la sociedad o sociedades, las legislaciones que nos afectan, los países con que se trabaja y el tamaño de la organización.

En este análisis del contexto, debemos incluir el trabajo de identificación de partes interesadas, y sus necesidades y expectativas en esta materia. Debemos hacerlos parte de nuestro sistema.

Este análisis es fundamental para que consigamos crear un modelo adecuado a nuestras necesidades.

Y tras hablar de contexto, la norma habla de liderazgo. Creo que a nadie se le escapa, que este sistema preventivo, solo tiene sentido si hay un fuerte y claro compromiso de la dirección, del más alto nivel. A la dirección corresponde definir la política en materia anti soborno, así como nombrar a la persona que debe liderar el sistema de prevención (Antibribery officer)

Creo que una de las mejores cosas que tiene esta norma, es el esfuerzo que se hace por detallar que tipo de comportamientos deben estar regulados y controlados. Primero debemos identificar los comportamientos, que siendo posibles en la empresa, deben quedar regulados (ejemplo regalos, pagos de facilitación, comidas, donaciones, patrocinios, uso de tarjetas, entregas de dinero en metálico…), para lo que la empresa debe ser clara y definir, tanto lo que se puede como lo que no se puede hacer, y describir cualquier comportamiento excepcional que pueda surgir en cualquiera de esas cuestiones.

Solo si las pautas son muy claras, podremos luego, en consecuencia, definir y poner en marcha los controles (la norma diferencia entre económicos y no económicos, de forma acertada) adecuados para detectar incumplimientos.

La norma también ha incluido, como requerimiento, que exista un canal de comunicación o reporting, para cuando se detecten incumplimientos del propio sistema. Lo que en otros sistemas, se denomina canal de denuncias y que lo que pretende es facilitar que cualquier persona de la organización o que trabaja o colabora con la misma, pueda poner de manifiesto las conductas incorrectas.

Más allá de que la empresa quiera obtener un certificado, esta norma es una estupenda guía de trabajo para desarrollar un correcto y completo modelo de prevención en las materias relacionadas con la corrupción y el soborno. Y lo mejor es que ha venido para quedarse.

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